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Kant: la mort pròpia/es

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El morir no puede experimentarlo ningún ser humano en sí mismo (pues para hacer una experiencia es necesaria la vida), sino sólo percibirlo en los demás. Si es doloroso, no puede juzgarse por el estertor o las convulsiones del moribundo; más bien parece ser esto una mera reacción mecánica de la fuerza vital v acaso una dulce sensación de paulatino librarse de todo dolor. --El temor a la muerte, natural a todos los hombres, incluso a los más desgraciados o al más sabio, no es, pues, un pavor de morir, sino, como dice Montaigne justamente, de la idea de estar muerto, que el candidato a la muerte cree tendrá aún después de ella, figurándose el cadáver, a pesar de que éste ya no es él, como él mismo metido en el tenebroso sepulcro o en cualquier otro sitio análogo. --Esta ilusión es irreprimible, pues radica en la naturaleza del pensar, que es un hablar a sí mismo v de sí mismo. El pensamiento: no soy, no puede existir; pues si no soy, tampoco puedo ser consciente de que no soy. Puedo, ciertamente, decir que no estoy sano y pensar otros predicados semejantes negándolos de mí mismo (comosucede en todos los verba); pero hablando en primera persona, negar el sujeto mismo, con lo que éste se aniquila a sí mismo, es una contradicción.