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Bertalanffy i la unitat de la ciència/es

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Resumamos así los principales resultados de esta exposición:

a)El análisis de los principios generales de los sistemas muestra que muchos conceptos que a menudo han sido tenidos por antropomórficos, metafísicos o vitalistas son susceptibles de formulación exacta. Son consecuencias de la definición de sistemas o de determinadas condiciones de sistemas.

b) Semejante investigación es un útil requisito previo con respecto a problemas concretos de la ciencia. En particular, conduce a la elucidación de cuestiones que no son tenidas en cuenta en los esquematismos y cuadrículas de los campos especializados. O sea que la teoría de los sistemas debiera ser un recurso importante en el proceso de desarrollo de nuevas ramas del conocimiento a la categoría de ciencias exactas, de sistemas de leyes matemáticas.

c) Esta investigación es igualmente importante para la filosofía de la ciencia, algunos de cuyos principales problemas adquieren aspectos nuevos y a menudo sorprendentes.

d)El hecho de que ciertos principios se apliquen a los sistemas en general, sin importar la naturaleza de los mismos ni las entidades de que se trate, explica que aparezcan en diferentes campos de la ciencia concepciones y leyes que se corresponden, provocando el notable paralelismo que hay en su desarrollo moderno. Así, conceptos como los de totalidad y suma, mecanización, centralización, orden jerárquico, estados estacionarios y uniformes, equifinalidad, etc., surgen en diferentes campos de la ciencia natural, al igual que en psicología y en sociología.

Estas consideraciones tienen trascendencia con respecto a la cuestión de la unidad de la ciencia. La opinión actual está bien representada por Carnap (1934). Como él dice, la unidad de la ciencia está garantizada por el hecho de que todos los enunciados de la ciencia puedan a fin de cuentas ser expresados en lenguaje físico en forma de enunciados que vinculen valores cuantitativos a posiciones definidas en un sistema espaciotemporal de coordenadas. En este sentido, todos los conceptos que se dirían no físicos, p. ej. nociones específicamente biológicas como las de «especie», «organismo», «fertilización» y así sucesivamente, son definidos por medio de algunos criterios perceptibles: determinaciones cualitativas susceptibles de fisicalización. El lenguaje físico es pues, el lenguaje universal de la ciencia La cuestión de si las leyes biológicas serán reducibles a físicas –si las leyes naturales suficientes para explicar todos los fenómenos inorgánicos bastarán también para explicar los fenómenos biológicos– la deja abierta Carnap, aunque inclinándose por una respuesta afirmativa.

Desde nuestro punto de vista, la unidad de la ciencia adquiere un aspecto más concreto y, a la vez, más profundo. También dejamos abierta la cuestión de la «reducción última» de las leyes de la biología (y de los demás ámbitos no físicos) a la física, la cuestión de si se llegará a establecer un sistema hipotético-deductivo que abarque todas las ciencias, de la física a la biología y la sociología. Pero de fijo estamos en condiciones de establecer leyes científicas para los distintos niveles o estratos de la realidad. Y de ahí encontramos, hablando en «modo formal» (Carnap), una correspondencia o isomorfismo de leyes y esquemas conceptuales en diferentes campos que sustenta la unidad de la ciencia. Hablando en lenguaje «material», esto quiere decir que el mundo (o sea el total de los fenómenos observables) exhibe una uniformidad estructural que se manifiesta por muestras isomorfas de orden en sus diferentes niveles o reinos.

La realidad, concebida de un modo nuevo, se presenta como un tremendo orden jerárquico de entidades organizadas que va, en superposición de numerosos niveles, de los sistemas físicos y químicos a los biológicos y sociológicos. La unidad de la ciencia no es asegurada por una utópica reducción de todas las ciencias a la física y la química, sino por las uniformidades estructurales entre los diferentes niveles de la realidad.

En especial, la brecha entre las ciencias naturales y las sociales o, por usar las denominaciones alemanas, más expresivas, entre las Natur y las Geisteswissenschaften, se estrecha grandemente, no en el sentido de una reducción de estas últimas a concepciones biológicas, sino en el sentido de similitudes estructurales. Esta es la causa de la aparición de visiones y nociones generales correspondientes en ambos campos, y tal vez acabe conduciendo al establecimiento de un sistema de leyes en el segundo.

La visión mecanicista plasmó su ideal en el espíritu laplaciano, en la concepción de que todos los fenómenos son resumidamente agregados de acciones fortuitas de unidades físicas elementales. Teóricamente, esta concepción no condujo a ciencias exactas fuera del campo de la física, es decir, a leyes de los niveles máximos de la realidad, el biológico, el psicológico, el sociológico. En la práctica, sus consecuencias han sido fatales para nuestra civilización. La actitud que considera los fenómenos físicos como único patrón de realidad ha llevado a la mecanización del género humano y a la devaluación de valores superiores. El dominio sin tasa de la tecnología física finalmente llevó al mundo a las catastróficas crisis de nuestro tiempo. Luego de echar por tierra el punto de vista mecanicista, cuidamos de no deslizarnos al «biologismo», a considerar los fenómenos mentales, sociológicos y culturales desde un ángulo puramente biológico. Así como el fisicalismo consideraba el organismo viviente como una extraña combinación de aconteceres o máquinas de naturaleza fisicoquímica, el biologismo tiene al hombre por una curiosa especie zoológica y a la sociedad humana por una colmena o granja de cría de equinos. Teóricamente, el biologismo no ha revelado sus méritos, y ha resultado fatal en materia de consecuencias prácticas. La concepción organísmica no significa el predominio unilateral de concepciones biológicas. Aunque haga hincapié en isomorfismos estructurales generales entre diferentes niveles, asevera al mismo tiempo su autonomía y posesión de leyes específicas.

Opinamos que la elaboración venidera de la teoría general de los sistemas demostrará ser un paso de consideración hacia la unificación de la ciencia. Quizás esté destinada, en la ciencia del futuro a desempeñar un papel parecido al de la lógica aristotélica en la ciencia de la Antigüedad. La concepción griega del mundo era estática; se consideraba que las cosas reflejaban arquetipos eternos o ideas. De ahí que la clasificación fuese el problema central de la ciencia, cuyo órganon fundamental era la definición de la subordinación y la superordinación de conceptos. En la ciencia moderna la interacción dinámica parece ser el problema central en todos los campos de la realidad. La teoría de los sistemas definirá sus principios generales.