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Voltaire: la naturalesa

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Text original editat en castellà.


La naturaleza dice a todos los hombres: Os he hecho nacer a todos débiles e ignorantes, para vegetar unos minutos sobre la tierra y abonarla con vuestros cadáveres. Puesto que sois débiles, socorreos mutuamente; puesto que sois ignorantes, ilustraos y ayudaos mutuamente. Aunque fueseis todos de la misma opinión, lo que seguramente jamás sucederá, aunque no hubiese más que un solo hombre de distinta opinión, deberíais perdonarle: porque soy yo la que le hace pensar como piensa. Os he dado brazos para cultivar la tierra y un pequeño resplandor de razón para guiaros; he puesto en vuestros corazones un germen de compasión para que os ayudéis los unos a los otros a soportar la vida. No ahoguéis ese germen, no lo corrompáis, sabed que es divino, y no sustituyáis la voz de la naturaleza por los miserables furores de escuela.

Soy yo sola la que os une a pesar vuestro por vuestras mutuas necesidades, incluso en medio de vuestras crueles guerras con tanta ligereza emprendidas, eterno teatro de los errores, de los azares y de las desgracias. Soy yo sola la que, en una nación, detiene las consecuencias funestas de la división interminable entre la nobleza y la magistratura, entre esos dos estamentos y el clero, incluso entre los burgueses y los campesinos. Ignoran todos los límites de sus derechos; pero todos escuchan a pesar suyo, a la larga, mi voz que habla a su corazón. Yo sola conservo la equidad en los tribunales, en donde todo sería entregado sin mí a la indecisión y al capricho, en medio de un montón confuso de leyes hechas a menudo al azar y para unas necesidades pasajeras, diferentes entre ellas de provincia en provincia, de ciudad en ciudad, y casi siempre contradictorias entre sí en el mismo lugar. Yo sola puedo inspirar la justicia, mientras que las leyes solo inspiran los embrollos. El que me escucha juzga siempre bien; y el que sólo busca conciliar opiniones que se contradicen es el que se extravía.

Hay un edificio inmenso cuyos cimientos he puesto con mis manos: era sólido y sencillo, todos los hombres podían entrar en él con seguridad; han querido añadirle los ornamentos más extraños, más toscos, más inútiles; el edificio cae en ruinas por los cuatro costados; los hombres recogen las piedras y se las tiran a la cabeza; les grito: deteneos, apartad esos escombros funestos que son obra vuestra y habitad conmigo en paz en mi edificio inconmovible.


Text traduït al català (Traducció automàtica pendent de revisió).


La naturalesa diu a tots els homes: Us he fet néixer a tots febles i ignorants, per vegetar uns minuts sobre la terra i abonar-la amb els vostres cadàvers. ja que sou febles, socorreu-vos mútuament; ja que sou ignorants, il·lustreu-vos i ajudeu-vos mútuament. Encara que anéssiu tots de la mateixa opinió, la qual cosa segurament mai succeirà, encara que no hi hagués més que un sol home de diferent opinió, hauríeu de perdonar-li: perquè sóc jo la que li fa pensar com pensa. Us he donat braços per conrear la terra i una petita resplendor de raó per guiar-vos; he posat en els vostres cors un germen de compassió perquè us ajudeu els uns als altres a suportar la vida. No ofegueu aquest germen, no ho corrompeu, sapigueu que és diví, i no substituïu la veu de la naturalesa pels miserables furors d'escola.

Sóc jo sola la que us uneix a pesar el vostre per les vostres mútues necessitats, fins i tot enmig de les vostres cruels guerres amb tanta lleugeresa empreses, etern teatre dels errors, dels atzars i de les desgràcies. Sóc jo sola la que, en una nació, deté les conseqüències funestes de la divisió interminable entre la noblesa i la magistratura, entre aquests dos estaments i el clergat, fins i tot entre els burgesos i els camperols. Ignoren tots els límits dels seus drets; però tots escolten a pesar seu, a la llarga, la meva veu que parla al seu cor. Jo sola conservo l'equitat en els tribunals, on tot seria lliurat sense mi a la indecisió i al capritx, enmig d'un munt confús de lleis fetes sovint a l'atzar i per a unes necessitats passatgeres, diferents entre elles de província en província, de ciutat en ciutat, i gairebé sempre contradictòries entre si en el mateix lloc. Jo sola puc inspirar la justícia, mentre que les lleis solament inspiren els garbulls. El que m'escolta jutja sempre bé; i el que només busca conciliar opinions que es contradiuen és el que s'extravia.

Hi ha un edifici immens els fonaments del qual he posat amb les meves mans: era sòlid i senzill, tots els homes podien entrar en ell amb seguretat; han volgut afegir-li els ornaments més estranys, més toscs, més inútils; l'edifici cau en ruïnes pels quatre costats; els homes recullen les pedres i les hi tiren al capdavant; els crido: detingueu-vos, aparteu aquests enderrocs funests que són obra vostra i habiteu amb mi en pau al meu edifici inconmovible.

Tratado sobre la tolerancia, en Opúsculos satíricos y filosóficos. Traducción de R. de Dampierre, Alfaguara, Madrid 1978, p. 99-100.

Original en castellà

La naturaleza dice a todos los hombres: Os he hecho nacer a todos débiles e ignorantes, para vegetar unos minutos sobre la tierra y abonarla con vuestros cadáveres. Puesto que sois débiles, socorreos mutuamente; puesto que sois ignorantes, ilustraos y ayudaos mutuamente. Aunque fueseis todos de la misma opinión, lo que seguramente jamás sucederá, aunque no hubiese más que un solo hombre de distinta opinión, deberíais perdonarle: porque soy yo la que le hace pensar como piensa. Os he dado brazos para cultivar la tierra y un pequeño resplandor de razón para guiaros; he puesto en vuestros corazones un germen de compasión para que os ayudéis los unos a los otros a soportar la vida. No ahoguéis ese germen, no lo corrompáis, sabed que es divino, y no sustituyáis la voz de la naturaleza por los miserables furores de escuela.

Soy yo sola la que os une a pesar vuestro por vuestras mutuas necesidades, incluso en medio de vuestras crueles guerras con tanta ligereza emprendidas, eterno teatro de los errores, de los azares y de las desgracias. Soy yo sola la que, en una nación, detiene las consecuencias funestas de la división interminable entre la nobleza y la magistratura, entre esos dos estamentos y el clero, incluso entre los burgueses y los campesinos. Ignoran todos los límites de sus derechos; pero todos escuchan a pesar suyo, a la larga, mi voz que habla a su corazón. Yo sola conservo la equidad en los tribunales, en donde todo sería entregado sin mí a la indecisión y al capricho, en medio de un montón confuso de leyes hechas a menudo al azar y para unas necesidades pasajeras, diferentes entre ellas de provincia en provincia, de ciudad en ciudad, y casi siempre contradictorias entre sí en el mismo lugar. Yo sola puedo inspirar la justicia, mientras que las leyes solo inspiran los embrollos. El que me escucha juzga siempre bien; y el que sólo busca conciliar opiniones que se contradicen es el que se extravía.

Hay un edificio inmenso cuyos cimientos he puesto con mis manos: era sólido y sencillo, todos los hombres podían entrar en él con seguridad; han querido añadirle los ornamentos más extraños, más toscos, más inútiles; el edificio cae en ruinas por los cuatro costados; los hombres recogen las piedras y se las tiran a la cabeza; les grito: deteneos, apartad esos escombros funestos que son obra vuestra y habitad conmigo en paz en mi edificio inconmovible.