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Voltaire: Déu i la tolerància

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Text original editat en castellà.


Oración a Dios

Ya no es por lo tanto a los hombres a los que me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo osar pedirte algo, a ti que lo has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades. Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos; haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan desproporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados hombres no sean señales de odio y persecución; que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra; que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna; que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.

¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son hermanos ! ¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica! Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, tu bondad que nos ha concedido ese instante.


Text traduït al català (Traducció automàtica pendent de revisió).


Oració a Déu

Ja no és per tant als homes als quals em dirigeixo, és a tu, Déu de tots els éssers, de tots els mons i de tots els temps: si està permès a unes febles criatures perdudes en la immensitat i imperceptibles a la resta de l'univers gosar demanar-te alguna cosa, a tu que ho has donat tot, a tu els decrets del qual són tan immutables com a eterns, digna't mirar amb pietat els errors inherents a la nostra naturalesa; que aquests errors no siguin causants de les nostres calamitats. Tu no ens has donat un cor perquè ens odiem i mans perquè ens degollem; fes que ens ajudem mútuament a suportar el fardell d'una vida penosa i passatgera; que les petites diferències entre els vestits que cobreixen els nostres febles cossos, entre tots els nostres idiomes insuficients, entre tots els nostres costums ridículs, entre totes les nostres lleis imperfectes, entre totes les nostres opinions insensates, entre totes les nostres condicions tan desproporcionades als nostres ulls i tan semblants davant teu; que tots aquests petits matisos que distingeixen als àtoms anomenats homes no siguin senyals d'odi i persecució; que els que encenen ciris en ple dia per celebrar-te suportin als quals s'acontenten amb la llum del teu sol; que aquells que cobreixen el seu vestit amb una tela blanca per dir que cal estimar-te no detestin als quals diuen la mateixa cosa sota una capa de llana negra; que doni el mateix adorar-te en un argot format d'una antiga llengua o en un argot més modern; que aquells les vestidures del qual estan tenyides de vermell o violeta, que manen en una petita parcel·la d'un petit munt de fang d'aquest món i que posseeixen alguns fragments arrodonits de cert metall, gaudeixin sense orgull del que anomenen grandesa i riquesa i que els altres els mirin sense enveja: perquè Tu saps que no hi ha en aquestes vanitats ni res que envejar ni res que enorgullir-se.

Tant de bo tots els homes s'acordin que són germans ! Que odiïn la tirania exercida sobre les seves ànimes com odien el latrocinio que arrabassa per força el fruit del treball i de la indústria pacífica! Si els assots de la guerra són inevitables, no ens odiem, no ens destrossem uns a uns altres en el si de la pau i emprem l'instant de la nostra existència a beneir per igual, en mil llengües diverses, des de Siam a Califòrnia, la teva bondat que ens ha concedit aquest instant.

Tratado sobre la tolerancia, en Opúsculos satíricos y filosóficos. Traducción de R. de Dampierre, Alfaguara, Madrid 1978, p. 90-91.

Original en castellà

Oración a Dios

Ya no es por lo tanto a los hombres a los que me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo osar pedirte algo, a ti que lo has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades. Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos; haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan desproporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados hombres no sean señales de odio y persecución; que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra; que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna; que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.

¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son hermanos ! ¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica! Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, tu bondad que nos ha concedido ese instante.