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Guiraud, Pierre: codis i hermenèutiques/es

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Al comienzo de Madame Bovary, Flaubert describe la monstruosa gorra de su héroe. Lo hace por medio de palabras y esas palabras podrían ser transcriptas por un ilustrador en forma de un dibujo hecho con trazos y colores. Palabra y dibujo son signos cuyo sentido es la gorra. Pero a su vez significa: es el signo de la simpleza de Charles, de su falta de gusto, de su torpeza en sus relaciones con sus camaradas.

Por lo tanto, la gorra es a la vez sentido significado y signo significante. Pero el sentido no se detiene allí: la simpleza de Charles es el signo de sus relaciones con Emma, sus relaciones con Emma son el signo de una cierta forma de matrimonio; esta forma de matrimonio es el signo de una situación cultural, etc.

El sentido es una relación y esta relación envuelve cada sentido en un nuevo sentido. Si la semiología debe ser la ciencia de los signos, engloba todo el saber, toda la experiencia, pues todo es signo: todo es significado y todo es significante.

Sin embargo, nuestro ejemplo postula una distinción entre dos tipos de signos. Las palabras designan la gorra, el dibujo la representa. Esa es su función explícita que ellos aseguran (cada uno según una técnica diferente) en virtud de un sistema de convenciones que cuenta con el acuerdo de los lectores. Cuando, en cambio, decimos que esa gorra es la marca de la simpleza de su propietario nos estamos refiriendo a un signo, pero de otro tipo. No hay ningún código que exija que esa gorra sea signo de «simpleza y mal gusto» y, además, el acuerdo de los lectores deja de ser unánime. Quizás algunos la encontrarán admirable y verán en Charles a una víctima de la incomprensión. Esta es una cuestión de interpretación.

En el primer caso, tenemos un código, es decir un sistema de convenciones explícitas y socializadas. En el segundo, una hermenéutica, sistema de signos implícitos, latentes y puramente contingentes. No se trata de que no estén convencionalizados ni socializados sino que lo están, pero de una manera más débil, más oscura y con frecuencia inconsciente. Así, la bota metálica que sirve de enseña al negocio de un zapatero, el dibujo de una bota en el catálogo de zapatos, la bota militar, insignia de los cuerpos de caballería, etc., dependen de un código. En cambio, la bota del primo Gontran que se cree un gentleman-farmer, la del hijo de la portera que es miembro de la banda de los Arcángeles de la Maube, la de la dama del quinto piso que es écuyère en chambre, etc. son variaciones de una hermenéutica latente que, en nuestra cultura, asocia la bota con las ideas de «prestigio social», «mando», «virilidad», etc.