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Berkeley: quimeres i idees

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La revisió el 17:20, 19 gen 2017 per Jorcor (discussió | contribucions) (Text de reemplaçament - "Hilas" a "Hylas")

Text original editat en castellà.


Hylas.– Pero, Philonous, ¿mantienes aún que no hay en el mundo más que espíritus e ideas? Has de reconocer que esto suena muy extraño.

Philonous.– Reconozco que la palabra idea, no aplicándose comúnmente a las cosas, suena algo singularmente. Mi razón para usarla fue que se entiende que hay implicada en el término una relación necesaria con el espíritu y que ahora se usa corrientemente por los filósofos para denotar los objetos inmediatos del entendimiento. Pero por muy extraño que suenen las palabras que la expresan, esta afirmación no encierra, sin embargo, nada extraño o chocante en su sentido, que, en efecto, se reduce a que sólo hay cosas percipients y cosas percibidas y que todo ser no pensante es necesariamente, por la naturaleza misma de su existencia, percibido por algún espíritu, si no por un espíritu finito y creado, al menos ciertamente por el espíritu infinito de Dios, en el que «vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser». ¿Es esto tan extraño como decir que las cualidades sensibles no están en los objetos o que podemos estar seguros de la existencia de las cosas o conocer algo de su naturaleza real, aunque las vemos las tocamos y percibimos por los sentidos?

Hylas.– Como consecuencia de esto, ¿no debemos pensar que no existen causas físicas o corporales, sino que un espíritu es la causa inmediata de todos los fenómenos de la naturaleza? ¿Puede haber algo más extravagante que esto?

Philonous..–Sí; es mucho más extravagante decir que una cosa inerte actúa sobre el espíritu y que lo que es incapaz de percepción es la causa de nuestras percepciones. [...] Añádase que lo que, no sé por qué razón, te parece tan extravagante no es más que lo que la Sagrada Escritura afirma en ciertos pasajes. En ella se nos presenta a Dios como el único inmediato autor de todos los efectos que algunos paganos y filósofos acostumbran atribuir a la naturaleza, a la materia, al destino o a análogos principios no pensantes. Este es un lenguaje tan constante en la escritura que no necesita ser confirmado por citas.


Text traduït al català (Traducció automàtica pendent de revisió).


Hylas.– Però, Philonous, mantens encara que no hi ha al món més que esperits i idees? Has de reconèixer que això sona molt estrany.

Philonous.– Reconec que la paraula idea, no aplicant-se comunament a les coses, sona alguna cosa singularment. La meva raó per usar-la va ser que s'entén que hi ha implicada en el terme una relació necessària amb l'esperit i que ara s'usa correntment pels filòsofs per denotar els objectes immediats de l'enteniment. Però per molt estrany que sonin les paraules que l'expressen, aquesta afirmació no tanca, no obstant això, res estrany o xocant en el seu sentit, que, en efecte, es redueix al fet que només hi ha coses percipients i coses percebudes i que tot ser no pensant és necessàriament, per la naturalesa mateixa de la seva existència, percebut per algun esperit, si no per un esperit finit i creat, almenys certament per l'esperit infinit de Déu, en el qual «vivim, ens movem i tenim el nostre ésser». És això tan estrany com dir que les qualitats sensibles no estan en els objectes o que podem estar segurs de l'existència de les coses o conèixer una mica de la seva naturalesa real, encara que les veiem les toquem i percebem pels sentits?

Hylas.– Com a conseqüència d'això, no hem de pensar que no existeixen causes físiques o corporals, sinó que un esperit és la causa immediata de tots els fenòmens de la naturalesa? Pot haver-hi una mica més extravagant que això?

Philonous..–Sí; és molt més extravagant dir que una cosa inerta actua sobre l'esperit i que el que és incapaç de percepció és la causa de les nostres percepcions. [...] Afegeixi's que el que, no sé per què raó, et sembla tan extravagant no és més que el que la Sagrada Escriptura afirma en certs passatges. En ella se'ns presenta a Déu com l'únic immediat autor de tots els efectes que alguns pagans i filòsofs acostumen atribuir a la naturalesa, a la matèria, a la destinació o a anàlegs principis no pensants. Aquest és un llenguatge tan constant en l'escriptura que no necessita ser confirmat per cites.

Tres diálogos entre Hylas y Philonous, Espasa Calpe, Madrid 1952, p. 106-108.

Original en castellà

Hylas.– Pero, Philonous, ¿mantienes aún que no hay en el mundo más que espíritus e ideas? Has de reconocer que esto suena muy extraño.

Philonous.– Reconozco que la palabra idea, no aplicándose comúnmente a las cosas, suena algo singularmente. Mi razón para usarla fue que se entiende que hay implicada en el término una relación necesaria con el espíritu y que ahora se usa corrientemente por los filósofos para denotar los objetos inmediatos del entendimiento. Pero por muy extraño que suenen las palabras que la expresan, esta afirmación no encierra, sin embargo, nada extraño o chocante en su sentido, que, en efecto, se reduce a que sólo hay cosas percipients y cosas percibidas y que todo ser no pensante es necesariamente, por la naturaleza misma de su existencia, percibido por algún espíritu, si no por un espíritu finito y creado, al menos ciertamente por el espíritu infinito de Dios, en el que «vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser». ¿Es esto tan extraño como decir que las cualidades sensibles no están en los objetos o que podemos estar seguros de la existencia de las cosas o conocer algo de su naturaleza real, aunque las vemos las tocamos y percibimos por los sentidos?

Hylas.– Como consecuencia de esto, ¿no debemos pensar que no existen causas físicas o corporales, sino que un espíritu es la causa inmediata de todos los fenómenos de la naturaleza? ¿Puede haber algo más extravagante que esto?

Philonous..–Sí; es mucho más extravagante decir que una cosa inerte actúa sobre el espíritu y que lo que es incapaz de percepción es la causa de nuestras percepciones. [...] Añádase que lo que, no sé por qué razón, te parece tan extravagante no es más que lo que la Sagrada Escritura afirma en ciertos pasajes. En ella se nos presenta a Dios como el único inmediato autor de todos los efectos que algunos paganos y filósofos acostumbran atribuir a la naturaleza, a la materia, al destino o a análogos principios no pensantes. Este es un lenguaje tan constante en la escritura que no necesita ser confirmado por citas.