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Aristòtil: la virtut

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Text original editat en castellà.


Debemos examinar ahora qué es la virtud. Puesto que en el alma hay tres cosas: pasiones, facultades y disposiciones (habitus), la virtud debe ser una de ellas. Llamo pasión al deseo, la cólera, el miedo, la temeridad, la envidia, la alegría, la amistad, el odio, el pesar, en una palabra, todo lo que va acompañado de placer o de dolor. Llamo facultad al poder de sufrir estas pasiones, por ejemplo, lo que nos hace capaces de sentir la cólera, el odio o la piedad. Por último, las disposiciones nos sitúan en un estado bueno o malo respecto de las pasiones: por ejemplo, para la cólera, si nos dejamos llevar demasiado por ella o no lo suficiente, nos hallamos en mala disposición.

Ahora bien, ni las virtudes ni los vicios son pasiones, ya que no nos llaman buenos o malos según las pasiones, y en cambio lo hacen según las virtudes y vicios. [...] Además la cólera y el temor no proceden de nuestra voluntad, mientras que las virtudes implican una cierta elección reflexiva, o al menos no carecen de ella. Por último, se dice que las pasiones nos conmueven, mientras que las virtudes y los vicios no nos conmueven, sino que nos disponen de una cierta manera.

Por las mismas razones, virtudes y vicios no son tampoco facultades. No nos dicen que somos buenos o malos por el solo hecho de poder sufrir pasiones; no es esto lo que nos hace merecedores de alabanza o de censura. Y por naturaleza estamos dotados de facultades, pero no nos hacemos buenos o malos por naturaleza. Por tanto, si las virtudes no son ni pasiones, ni facultades, sólo pueden ser disposiciones.

Este es el género al que pertenece la virtud. Pero no basta decir que es una disposición, hay que precisar además qué [disposición] es.

Es necesario decir que toda virtud, siendo la virtud de alguien, es lo que le confiere el estar bien dispuesto y obrar bien. [...] Por ejemplo, la virtud del caballo hace de él un buen caballo, apto para correr y capaz de soportar el choque del enemigo. Y si lo mismo ocurre con todo, la virtud del hombre es una disposición que puede hacer de él un hombre honesto, capaz de realizar la función que le es propia. ¿Cómo lo conseguirá? Lo veremos más claramente si determinamos la naturaleza de la virtud.

En todo objeto continuo y divisible, podemos distinguir lo más, lo menos y lo igual, ya según el objeto mismo, ya en relación con nosotros. Y lo igual es el punto medio entre el exceso y el defecto. Llamo medio en un objeto a lo que se halla igualmente alejado de los extremos, lo que es uno e idéntico por todas partes. Y, en relación con nosotros, lo que no contiene exceso ni defecto.

Este medio no es ni uno ni idéntico por todas partes. Por ejemplo, si diez es una cantidad demasiado grande, y dos una cantidad demasiado pequeña, seis será el medio respecto del objeto, porque rebasa al uno y es rebasado de un modo igual por el otro. Este es el medio según la proporción aritmética. Pero no debemos considerar las cosas de este modo en lo que se refiere a nosotros. Si diez minas de alimento son una ración muy grande, y dos minas una ración pequeña, no se sigue de ello que el maestro de gimnasia prescriba seis [a todos los atletas]. Porque esta ración, según el sujeto, puede ser excesiva o insuficiente: para un Milón, insuficiente, pero para un principiante, excesiva. Y lo mismo ocurre con la carrera y la lucha.

Así, todo hombre prudente huye el exceso y el defecto, busca el medio y le da preferencia, y este medio debe establecerse con relación a nosotros, no con relación al objeto. [...] Por ello se dice generalmente que a una obra bien hecha no puede quitársele ni añadírsele nada, ya que toda adición o toda supresión no pueden hacer más que destruir su perfección, y en cambio este equilibrio perfecto se la conserva. [...] En estas condiciones, el fin de la virtud puede ser un medio.

Hablo de la virtud moral que concierne a las pasiones y a las acciones humanas, que llevan consigo exceso, defecto y medio. Por ejemplo, los sentimientos de espanto, deseo, cólera, piedad, placer o pena, pueden afectarnos demasiado o menos de lo debido, y en ambos casos de un modo defectuoso. En cambio, tener estos sentimientos en el momento en que conviene, por unos motivos, con respecto a personas, para unos fines y de la manera que conviene, es el medio y lo mejor, es lo propio de la virtud. Del mismo modo, en las acciones hay exceso, defecto y medio. Por tanto la virtud concierne a las pasiones y a las acciones en las que el exceso es una falta y el defecto es censurable; y al contrario, el medio consigue alabanzas y éxitos, resultado doble que es propio de la virtud. La virtud es pues una especie de término medio, ya que el fin que se propone es el medio.

Añadamos que hay mil maneras de faltar, pero una sola de obrar rectamente. Por ello es fácil no conseguir el fin y difícil alcanzarlo. Por todas estas razones el exceso y el defecto denuncian el vicio, mientras que la virtud está caracterizada por el punto medio.

La virtud es pues una disposición voluntaria que consiste en el medio con relación a nosotros, definido por la razón y conforme a la conducta del hombre sabio. Ocupa el justo medio entre dos extremos viciosos, el uno por exceso y el otro por defecto. En las pasiones y acciones la falta consiste unas veces en quedarse más acá y otras en ir más allá de lo que conviene, pero la virtud halla y adopta el medio. Porque si, según su esencia y según la razón que define su naturaleza, la virtud consiste en un medio, está en el punto más alto respecto del bien y de la perfección.

Pero toda acción y todapasión no admiten este punto medio. Puede ocurrir que el hombre de algunas de ellas sugiera en seguida una idea de perversidad. Por ejemplo, la alegría sentida por la desgracia de otro, la impudicia, la envidia; y en el orden de las acciones, el adulterio, el robo, el homicidio. Todas estas acciones, así como otras semejantes, provocan la censura porque son malas en sí mismas y no por su exceso o defecto. Con ellas nunca se está en el buen camino, sino siempre en la falta. En lo que les concierne,no puede plantearse la cuestión de saber si se obra bien o mal: no es posible preguntarse ni con qué mujer, ni cuándo, ni cómo se puede cometer adulterio. El solo hecho de realizar una de estas acciones es ya una falta. Sería como sostener que hay término medio, exceso y defecto en la práctica de la injusticia, la cobardía, la impudicia. En estas condiciones habría un medio en el exceso o en el defecto, un exceso del exceso y un defecto del defecto. Y del mismo modo que la templanza y el valor no admiten exceso ni defecto, porque en ellos el medio constituye en cierto modo una cima, así tampoco los vicios no admiten ni término medio, ni exceso, ni defecto, porque al entregarse a ellos se comete siempre una falta. En una palabra, ni el exceso ni el defecto tienen término medio, igual que el medio no admite ni exceso ni defecto.

Pero no debemos contentarnos con hablar en general, también hay que ponerse de acuerdo con los casos particulares. Ya que, en lo que concierne a las acciones, el que razona en general razona en el vacío, en cambio en los casos particulares hay más verdad. Porque las acciones lo son de casos particulares; hay que ponerse de acuerdo con ellos. También es importante verlos según el cuadro siguiente. El valor es un medio entre el temor y la temeridad. [...]


Text traduït al català (Traducció automàtica pendent de revisió).



 Hem d'examinar ara què és la virtut. ja que en l'ànima hi ha tres coses: passions, facultats i disposicions (habitus), la virtut ha de ser una d'elles. Anomeno passió al desig, la còlera, la por, la temeritat, l'enveja, l'alegria, l'amistat, l'odi, el pesar, en una paraula, tot el que va acompanyat de plaer o de dolor. Anomeno facultat al poder de sofrir aquestes passions, per exemple, la qual cosa ens fa capaces de sentir la còlera, l'odi o la pietat. Finalment, les disposicions ens situen en un estat bo o dolent respecte de les passions: per exemple, per a la còlera, si ens deixem portar massa per ella o no el suficient, ens trobem en mala disposició.

Ara bé, ni les virtuts ni els vicis són passions, ja que no ens anomenen bons o dolents segons les passions, i en canvi ho fan segons les virtuts i vicis. [...] A més la còlera i el temor no procedeixen de la nostra voluntat, mentre que les virtuts impliquen una certa elecció reflexiva, o almenys no manquen d'ella. Finalment, es diu que les passions ens commouen, mentre que les virtuts i els vicis no ens commouen, sinó que ens disposen d'una certa manera.

Per les mateixes raons, virtuts i vicis no són tampoc facultats. No ens diuen que som bons o dolents pel sol fet de poder sofrir passions; no és això el que ens fa mereixedors de lloança o de censura. I per naturalesa estem dotats de facultats, però no ens fem bons o dolents per naturalesa. Per tant, si les virtuts no són ni passions, ni facultats, només poden ser disposicions.

Aquest és el gènere al que pertany la virtut. Però no és suficient dir que és una disposició, cal precisar a més quina [disposició] és.

És necessari dir que tota virtut, sent la virtut d'algú, és el que li confereix l'estar bé disposat i obrar bé. [...] Per exemple, la virtut del cavall fa d'ell un bon cavall, apte per córrer i capaç de suportar el xoc de l'enemic. I si el mateix ocorre amb tot, la virtut de l'home és una disposició que pot fer d'ell un home honest, capaç de realitzar la funció que li és pròpia. Com ho aconseguirà? Ho veurem més clarament si determinem la naturalesa de la virtut.

En tot objecte continu i divisible, podem distingir el més, el menys i l'igual, ja segons l'objecte mateix, ja en relació amb nosaltres. I l'igual és el punt mitjà entre l'excés i el defecte. Anomeno mitjà en un objecte al que es troba igualment allunyat dels extrems, la qual cosa és un i idèntic pertot arreu. I, en relació amb nosaltres, la qual cosa no conté excés ni defecte.

Aquest mitjà no és ni un ni idèntic pertot arreu. Per exemple, si deu és una quantitat massa gran, i dues una quantitat massa petita, sis serà el mitjà respecte de l'objecte, perquè depassa a l'un i és depassat d'una manera igual per l'altre. Aquest és el mitjà segons la proporció aritmètica. Però no hem de considerar les coses d'aquesta manera pel que fa a nosaltres. Si deu mines d'aliment són una ració molt gran, i dues mines una ració petita, no se segueix d'això que el mestre de gimnàstica prescrigui sis [a tots els atletes]. Perquè aquesta ració, segons el subjecte, pot ser excessiva o insuficient: per un Miló, insuficient, però per a un principiant, excessiva. I el mateix ocorre amb la carrera i la lluita.

Així, tot home prudent fuig l'excés i el defecte, busca el mitjà i li dóna preferència, i aquest mitjà ha d'establir-se en relació amb nosaltres, no en relació amb l'objecte. [...] Per això es diu generalment que a una obra bé feta no pot llevar-se-li ni afegir-se-li res, ja que tota addició o tota supressió no poden fer més que destruir la seva perfecció, i en canvi aquest equilibri perfecte se la conserva. [...] En aquestes condicions, la fi de la virtut pot ser un mitjà.

Parlo de la virtut moral que concerneix a les passions i a les accions humanes, que porten amb si excés, defecte i mitjà. Per exemple, els sentiments d'espant, desig, còlera, pietat, plaer o pena, poden afectar-nos massa o menys del degut, i en tots dos casos d'una manera defectuosa. En canvi, tenir aquests sentiments en el moment en què convé, per uns motius, pel que fa a persones, per a unes finalitats i de la manera que convé, és el mitjà i el millor, és el propi de la virtut. De la mateixa manera, en les accions hi ha excés, defecte i mitjà. Per tant la virtut concerneix a les passions i a les accions en les quals l'excés és una falta i el defecte és censurable; i al contrari, el mitjà aconsegueix lloances i èxits, resultat doble que és propi de la virtut. La virtut és doncs una espècie de terme mitjà, ja que la fi que es proposa és el mitjà.

Afegim que hi ha mil maneres de faltar, però una sola d'obrar rectament. Per això és fàcil no aconseguir la fi i difícil aconseguir-ho. Per totes aquestes raons l'excés i el defecte denuncien el vici, mentre que la virtut està caracteritzada pel punt mitjà.

La virtut és doncs una disposició voluntària que consisteix en el mitjà en relació amb nosaltres, definit per la raó i conforme a la conducta de l'home savi. Ocupa el just mitjà entre dos extrems viciosos, l'un per excés i l'altre per defecte. En les passions i accions la falta consisteix unes vegades a quedar-se més ençà i unes altres a anar més enllà del que convé, però la virtut troba i adopta el mitjà. Perquè si, segons la seva essència i segons la raó que defineix la seva naturalesa, la virtut consisteix en un mitjà, està en el punt més alt respecte del bé i de la perfecció.

Però tota acció i todapasión no admeten aquest punt mitjà. Pot ocórrer que l'home d'algunes d'elles suggereixi de seguida una idea de perversitat. Per exemple, l'alegria sentida per la desgràcia d'un altre, la impudícia, l'enveja; i en l'ordre de les accions, l'adulteri, el robatori, l'homicidi. Totes aquestes accions, així com altres semblants, provoquen la censura perquè són dolentes en si mateixes i no pel seu excés o defecte. Amb elles mai s'està en el bon camí, sinó sempre en la falta. En el que els concerneix,no pot plantejar-se la qüestió de saber si s'obra bé o malament: no és possible preguntar-se ni amb quina dona, ni quan, ni com es pot cometre adulteri. El sol fet de realitzar una d'aquestes accions és ja una falta. Seria com sostenir que hi ha terme mitjà, excés i defecte en la pràctica de la injustícia, la covardia, la impudícia. En aquestes condicions hi hauria un mitjà en l'excés o en el defecte, un excés de l'excés i un defecte del defecte. I de la mateixa manera que la temprança i el valor no admeten excés ni defecte, perquè en ells el mitjà constitueix en certa manera un cim, així tampoc els vicis no admeten ni terme mitjà, ni excés, ni defecte, perquè en lliurar-se a ells es comet sempre una falta. En una paraula, ni l'excés ni el defecte tenen terme mitjà, igual que el mitjà no admet ni excés ni defecte.

Però no hem d'acontentar-nos amb parlar en general, també cal posar-se d'acord amb els casos particulars. Ja que, en el que concerneix a les accions, el que raona en general raona en el buit, en canvi en els casos particulars hi ha més veritat. Perquè les accions ho són de casos particulars; cal posar-se d'acord amb ells. També és important veure'ls segons el quadre següent. El valor és un mitjà entre el temor i la temeritat. [...]

Ética a Nicómaco, Il, 5 y 6. (R. Verneaux, Textos de los grandes filósofos: edad antigua, Herder, Barcelona 1982, 5ª. ed., p.87-90).

Original en castellà

Debemos examinar ahora qué es la virtud. Puesto que en el alma hay tres cosas: pasiones, facultades y disposiciones (habitus), la virtud debe ser una de ellas. Llamo pasión al deseo, la cólera, el miedo, la temeridad, la envidia, la alegría, la amistad, el odio, el pesar, en una palabra, todo lo que va acompañado de placer o de dolor. Llamo facultad al poder de sufrir estas pasiones, por ejemplo, lo que nos hace capaces de sentir la cólera, el odio o la piedad. Por último, las disposiciones nos sitúan en un estado bueno o malo respecto de las pasiones: por ejemplo, para la cólera, si nos dejamos llevar demasiado por ella o no lo suficiente, nos hallamos en mala disposición.

Ahora bien, ni las virtudes ni los vicios son pasiones, ya que no nos llaman buenos o malos según las pasiones, y en cambio lo hacen según las virtudes y vicios. [...] Además la cólera y el temor no proceden de nuestra voluntad, mientras que las virtudes implican una cierta elección reflexiva, o al menos no carecen de ella. Por último, se dice que las pasiones nos conmueven, mientras que las virtudes y los vicios no nos conmueven, sino que nos disponen de una cierta manera.

Por las mismas razones, virtudes y vicios no son tampoco facultades. No nos dicen que somos buenos o malos por el solo hecho de poder sufrir pasiones; no es esto lo que nos hace merecedores de alabanza o de censura. Y por naturaleza estamos dotados de facultades, pero no nos hacemos buenos o malos por naturaleza. Por tanto, si las virtudes no son ni pasiones, ni facultades, sólo pueden ser disposiciones.

Este es el género al que pertenece la virtud. Pero no basta decir que es una disposición, hay que precisar además qué [disposición] es.

Es necesario decir que toda virtud, siendo la virtud de alguien, es lo que le confiere el estar bien dispuesto y obrar bien. [...] Por ejemplo, la virtud del caballo hace de él un buen caballo, apto para correr y capaz de soportar el choque del enemigo. Y si lo mismo ocurre con todo, la virtud del hombre es una disposición que puede hacer de él un hombre honesto, capaz de realizar la función que le es propia. ¿Cómo lo conseguirá? Lo veremos más claramente si determinamos la naturaleza de la virtud.

En todo objeto continuo y divisible, podemos distinguir lo más, lo menos y lo igual, ya según el objeto mismo, ya en relación con nosotros. Y lo igual es el punto medio entre el exceso y el defecto. Llamo medio en un objeto a lo que se halla igualmente alejado de los extremos, lo que es uno e idéntico por todas partes. Y, en relación con nosotros, lo que no contiene exceso ni defecto.

Este medio no es ni uno ni idéntico por todas partes. Por ejemplo, si diez es una cantidad demasiado grande, y dos una cantidad demasiado pequeña, seis será el medio respecto del objeto, porque rebasa al uno y es rebasado de un modo igual por el otro. Este es el medio según la proporción aritmética. Pero no debemos considerar las cosas de este modo en lo que se refiere a nosotros. Si diez minas de alimento son una ración muy grande, y dos minas una ración pequeña, no se sigue de ello que el maestro de gimnasia prescriba seis [a todos los atletas]. Porque esta ración, según el sujeto, puede ser excesiva o insuficiente: para un Milón, insuficiente, pero para un principiante, excesiva. Y lo mismo ocurre con la carrera y la lucha.

Así, todo hombre prudente huye el exceso y el defecto, busca el medio y le da preferencia, y este medio debe establecerse con relación a nosotros, no con relación al objeto. [...] Por ello se dice generalmente que a una obra bien hecha no puede quitársele ni añadírsele nada, ya que toda adición o toda supresión no pueden hacer más que destruir su perfección, y en cambio este equilibrio perfecto se la conserva. [...] En estas condiciones, el fin de la virtud puede ser un medio.

Hablo de la virtud moral que concierne a las pasiones y a las acciones humanas, que llevan consigo exceso, defecto y medio. Por ejemplo, los sentimientos de espanto, deseo, cólera, piedad, placer o pena, pueden afectarnos demasiado o menos de lo debido, y en ambos casos de un modo defectuoso. En cambio, tener estos sentimientos en el momento en que conviene, por unos motivos, con respecto a personas, para unos fines y de la manera que conviene, es el medio y lo mejor, es lo propio de la virtud. Del mismo modo, en las acciones hay exceso, defecto y medio. Por tanto la virtud concierne a las pasiones y a las acciones en las que el exceso es una falta y el defecto es censurable; y al contrario, el medio consigue alabanzas y éxitos, resultado doble que es propio de la virtud. La virtud es pues una especie de término medio, ya que el fin que se propone es el medio.

Añadamos que hay mil maneras de faltar, pero una sola de obrar rectamente. Por ello es fácil no conseguir el fin y difícil alcanzarlo. Por todas estas razones el exceso y el defecto denuncian el vicio, mientras que la virtud está caracterizada por el punto medio.

La virtud es pues una disposición voluntaria que consiste en el medio con relación a nosotros, definido por la razón y conforme a la conducta del hombre sabio. Ocupa el justo medio entre dos extremos viciosos, el uno por exceso y el otro por defecto. En las pasiones y acciones la falta consiste unas veces en quedarse más acá y otras en ir más allá de lo que conviene, pero la virtud halla y adopta el medio. Porque si, según su esencia y según la razón que define su naturaleza, la virtud consiste en un medio, está en el punto más alto respecto del bien y de la perfección.

Pero toda acción y todapasión no admiten este punto medio. Puede ocurrir que el hombre de algunas de ellas sugiera en seguida una idea de perversidad. Por ejemplo, la alegría sentida por la desgracia de otro, la impudicia, la envidia; y en el orden de las acciones, el adulterio, el robo, el homicidio. Todas estas acciones, así como otras semejantes, provocan la censura porque son malas en sí mismas y no por su exceso o defecto. Con ellas nunca se está en el buen camino, sino siempre en la falta. En lo que les concierne,no puede plantearse la cuestión de saber si se obra bien o mal: no es posible preguntarse ni con qué mujer, ni cuándo, ni cómo se puede cometer adulterio. El solo hecho de realizar una de estas acciones es ya una falta. Sería como sostener que hay término medio, exceso y defecto en la práctica de la injusticia, la cobardía, la impudicia. En estas condiciones habría un medio en el exceso o en el defecto, un exceso del exceso y un defecto del defecto. Y del mismo modo que la templanza y el valor no admiten exceso ni defecto, porque en ellos el medio constituye en cierto modo una cima, así tampoco los vicios no admiten ni término medio, ni exceso, ni defecto, porque al entregarse a ellos se comete siempre una falta. En una palabra, ni el exceso ni el defecto tienen término medio, igual que el medio no admite ni exceso ni defecto.

Pero no debemos contentarnos con hablar en general, también hay que ponerse de acuerdo con los casos particulares. Ya que, en lo que concierne a las acciones, el que razona en general razona en el vacío, en cambio en los casos particulares hay más verdad. Porque las acciones lo son de casos particulares; hay que ponerse de acuerdo con ellos. También es importante verlos según el cuadro siguiente. El valor es un medio entre el temor y la temeridad. [...]